La vida es difícil
“A pesar de que asi parecen, no estoy por matar a nadie, tan solo quisiera quitarle la vida al tiempo que me separa de ustedes.
A todos punto abraza mi hijo y hermana.”
- Armstrong, 1928
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“A pesar de que asi parecen, no estoy por matar a nadie, tan solo quisiera quitarle la vida al tiempo que me separa de ustedes.
A todos punto abraza mi hijo y hermana.”
- Armstrong, 1928
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Para nuestra descanso de clases, fui a Italia con mis amigas, Brigid y Naomi. Tengo una amiga que está estudiando en Roma y pasaba tres días con ella y sus amigos. Después, fuimos a Florencia por tres días también. Pasé muy bien en los dos ciudades, pero durante mi tiempo en Italia, me di cuenta que es mucho más fácil manejar una ciudad y viajar cuando se sabe la lengua. La lengua Italiano es muy bonita para escuchar, pero es muy diferente que español. Entonces, teníamos algunas problemas de comunicar. Me di cuenta que sabe mucho más español que creo que lo hice. Entonces, que fue una experiencia buena y mala.

En Roma!
Cada vez que he viajado, no puedo esperar para volver a Sevilla. Por eso, yo sé que elegí el lugar adecuado para estudiar en el extranjero. Esta es mi última semana en Sevilla. Estoy feliz y triste al mismo tiempo. Disfruté de mi tiempo aquí tanto. Fue una de las experiencias más emocionantes de mi vida.
Pero, voy a mi casa en Los Estados Unidos en justo tiempo para la Navidad. No puedo esperar a ver a mi familia, pero no quiero que irme de Sevilla. Supongo que tendré que volver algún día!
Un experimento de entrevistar con estudiantes del Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande. Una conversación de sus vidas, sus familias, sus clases, sus esperanzas, sus deseos, sus sueños y sus cosas favoritas y como estas cosas representan su barrio, sus vidas y sus familias.
Yo, normalmente extrovertida y segura, entré en una habitación llena de adolescentes más joven que yo, con manos sudorosas y temblorosas.
¿Cuál es mi problema? Pensé para mi mismo.
Mi problema era este: Estaba en un país extranjero, en un colegio en un barrio marcado por la pobreza, con estudiantes que tenían 15 años más o menos, y tenía que entrevistarse con ellos.
Soy una periodista. Es mi especialidad. Y he escrito muchísimos artículos y he entrevisto más gente que puedo contar. Pero, sólo en inglés. Allí, en el Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande, me quedé sin palabras.
“Bueno, soy José María,” un chico comenzó. “Tengo 17 años…”
Yo lo miraba como si él me había dicho que era la chica más bella del mundo. Este chico era un poco gordito, no era guapo, pero su personalidad era cálida y carismática.
Durante una hora de discusión, miré su cara cuando los pregunté preguntas. Él estaba maduro y simpático, y yo estaba agradecida por su presencia y su ayuda.
“Vale,” dije yo. “Y vosotros?”
Mientras que me dijeron sus nombres, escribí con un mano temblorosa. Estaba sudando a través de mi ropa. Para ser honesto, yo no me reconozco. Pero, después de unos minutos, me calmé.
Descubrí que José María era el mayor del grupo. Su amigo, Javi, era el segundo en edad, con 16 años. Ángel Luis, Alejandro y Elsa tienen 15 años.
“Bueno, tengo preguntas para vosotros… podéis hablar sobre sus familias. Está bien?” dijé yo.
José María, bendiga su alma, comenzó. “Claro. Vive con mi madre, mi abuela y mi hermano. Mi hermano tiene 34 años y él es un basurero.”
Entonces, nosotros hablábamos sobre nuestras familias: con quienes vivimos, los trabajos de nuestras padres, y las diferencias entre mi familia en los Estados Unidos y mi familia en Sevilla.
“Mi hermano es sin trabajo,” Alejandro me dijo. “Y él vive con mi padre y yo.” Alejandro es muy flaco. Usa mucha pasta de pelo, tiene un piercing en su ceja y nunca deja de sonreír. Trató de mostrar su inglés mucho durante la hora.
“Su hermano vende drogas,” Ángel Luis bromeó. Él es muy gordo y no habla mucho. Pero, cuando habla, normalmente es en la forma de una broma. Yo sabía que su comentario sobre drogas era una broma. Todos se rieron. Pero, me impactó mucho.
Tuve la suerte de tener un grupo de estudiantes muy simpáticos, amables y buenos. Ellos estaban más maduros de lo que esperaba. Pero, ellos representan su pueblo sin tratar y sin dares cuenta.
El I.E.S. Ramón Carande está en el distrito Sur de Sevilla. La gente en esta zona de Sevilla sufre un gran deterioro social, económico y cultural. Hay un alto nivel de marginalidad debido al desempleo, a la desestructuración social y a las escasas expectativas respecto a la educación como medio para salir de su estado.
Los estudiantes en mi grupo son similares de estudiantes en los Estados Unidos. En cada ciudad en el mundo, hay sufrir. Hay chicos viviendo con un padre y no madre. Hay chicos sin padres. Hay chicos con su propio estilo de ropa y pelo y vida. Y hay chicos que no están seguros de lo que deparará el futuro.
En mi grupo de cinco chicos, sólo uno quiere ir a la universidad. De los cinco, un padre es camarero, un padre no tiene trabajo y un chico no tiene un padre. Estos situaciones son comunes en su barrio. No hay abogados y médicos en su barrio. Y esto representa la razón en que segregación existe allí.
Según un artículo por Ibán Díaz Parra en 2005, “hablar del Polígono Sur en Sevilla es hablar de segregación, social y étnica.” Parra dijó que este sector de Sevilla es peligroso y marginal, pero también existe estereotipas.
Pero, en la aula en I.E.S. Ramón Carande, los gitanos sentaron con los sevillanos. Por supuesto, había conflictos. Pero, los conflictos que me pareció similares de problemas en todos los colegios en todo el mundo.
En cada colegio en el mundo, puede encontrar estudiantes igual que los estudiantes de mi grupo. Una chica tímida y extraña que los chicos se burlan de. Un chico maduro para su edad. Un chico guapo, bueno y seguro de sí mismo. Un chico que tiene una sonrisa en su rostro, aunque es obvio que hay problemas en su casa y su vida. Un chico inseguro, gordito y genuino.
Estos personas, más o menos, existe en cada cultura, en cada escuela y en cada idioma. Aunque era difícil para mi comunicar con ellos, entendí sus personalidades. Es el mismo en cualquier idioma.
Ana Chavarro, the 37-year-old Colombian woman who cleans the CIEE palacio at night in Seville, has overcome a past full of horrific events through her heroic fight for a better life for herself and her family.
Every Monday through Friday, Ana Chavarro spends the morning taking care of a 10-month-old baby that isn’t hers. She rocks her, feeds her, holds her, changes her diaper and puts her down for a nap. When Tula wakes up, Ana straps her into a stroller and the two of them wander over to pick up Tula’s 3-year-old brother, Eliot, from school.
When I first met this 37-year-old Colombian woman, I knew instantly that she was extraordinary.
“Who’s my spoiled little boy?” Ana asks Eliot, who is holding her hand with a fierce grip as I push Tula in her stroller.
“Eliot!” he answers with a priceless smile plastered across his little face.
“That’s right,” she says, and she picks him up and plants a big smooch on his cheek. This kid might not be hers, but there’s a whole lot of love there.
The children’s parents, Morgan and Óscar, are professors at the CIEE study abroad center in Seville for American students. That’s how Ana and her husband, Duber, also got jobs at the center. They both clean the building at night.
“Óscar and Morgan have seen me happy, sad, everything. I’ve felt all of these things and I’ve never only felt one at a time,” Ana says. Even as she recounts her life story, she does so through tears and laughter. It changes from moment to moment and story to story. But one thing is constant: her strength.
Ana works two jobs in Seville, but at one point she was working four. She used to care for an elderly woman named Mimi during the weekends and she worked for the Fundación Gota de Leche, an organization that provides mothers who are struggling financially with food, diapers, milk and other necessities for their babies.
Ana gained job stability with Óscar and Morgan and also at CIEE. This allowed her to quit her other two jobs. “I am so lucky that I found them here,” she says, especially because she arrived in Seville at the beginning of the economic crisis in 2008.
She refers to Oscar, Morgan, Eliot and Tula as her other family. The original one lives in Pitalito, a town located 100 miles south of Bogotá, where her story began.
Her parents, Daniel and Chiquinquirá, always thought of her as the rare one among their eight sons and daughters. “Rare in the sense that I wanted to be myself. I wanted to be my own person,” she recalls.
Ana left her home when she was only 10 years old to live with her professor. “I lived with her, ate with her, cooked with her and went to school with her. I was extremely happy at that point in my life.” She says it was a way for her to study, work and provide herself with her own things. Ana was practically her professor’s daughter at this point, but her father had other plans.
“My father was a wealthy and powerful man because he was a pawnbroker, a rancher and he was a landlord for many houses. He was a very loving man, but when he wanted something done his way, that was the way it was going to be done.”
He met her at school with a suitcase full of her things and he took her onto a bus to her sister’s house. Her sister Alicia was pregnant and she needed Ana to help in the house with her children. Her sister lived in the city of Neiva, six hours away. Ana was 13 years old.
“I didn’t want to leave. I had a boyfriend and a good life with my professor and her children,” she says. Ana and her father arrived at her sister’s house late at night and her sister’s husband was waiting for them.
“From the first time I saw him, I didn’t like the way he looked at me. And that’s where it began.”
When her sister went to the market or left the house, her husband touched and violated Ana. When Ana told Alicia, she didn’t believe her. Ana seized an opportunity to live elsewhere and work. But after Alicia had her baby, she asked Ana to come back and help her, and she accepted. One night, she was alone in Alicia’s house with her baby, and Alicia’s husband came home drunk. He raped her. And when she told her sister, she still did not believe her.
But Ana soon became pregnant with his child. “It was a very difficult pregnancy because I was so young. I also knew I couldn’t tell my father. My sister didn’t want me to tell him either, because she knew he would kill her husband,” she says.
Ana moved back to a small neighborhood outside of Pitalito. When Ana was four months along in her pregnancy, she saw her father. She thought he didn’t know about her pregnancy, but he did. But he didn’t know the right story, because Alicia had invented a fake one, saying that Ana had a boyfriend and it was his child.
“He became a different person when he was angry, and he took his anger out on me,” she says through lots of tears. Her father dealt with the news violently.
There was so much pressure on the shoulders of 13-year-old Ana: her sister’s marriage, her family’s name and image, her own health and the future of her baby. Her father wanted her to give her baby away, but she wouldn’t hear of it. “I told him no. I said if I have to work every day for food and for a place to live, I’ll do it,” she remembers now.
Ana speaks about her difficult past through tears, but never with shame. What happened is what happened. Ana has a scar on her face that is a metaphor for her life and a symbol of her vivacity.
One day, at a time when Ana lived with a woman named Vicky and her family taking care of her children in Pitalito, Ana helped Vicky’s husband change a light bulb. The light bulb broke and cut his face and she had to take him to the hospital. While she was there, two men came looking for her at the house. One of them was the father of her child, Alicia’s husband.
Ana thought nothing of it when she was told that these two men had come searching for her. But the next day, she heard on the radio that those men had killed her best friend. It was then that Ana realized a broken light bulb had saved her life. It was after this that she decided to move further away from her family.
“My mother said to me I could stay or leave. She told me that she loved me and what had happened to me had really hurt her. But she said that she would prefer to have a daughter far away, but alive”. After that, Ana left and went to Albaque, a small neighborhood in Colombia.
Ana’s past doesn’t seem to weigh her down or make her bitter. It amazes me how a woman who has been through so many horrible things can laugh so genuinely. Tula pulls on her hair and Ana shrieks and laughs while wiping away the tears.
She continues to talk about her daughter, Costanza. One night, Ana received a phone call from her sister saying that her daughter was in the hospital. “She was working at a restaurant. She went to work that evening and never came back.”
Costanza was drugged, robbed and raped. “It was so hard for me to hear, because I had been through a similar situation. And it completely changed my life.”
Ana’s greatest dream was to come to Seville and earn enough money to buy her daughter a house. Costanza, who is 24 years old now, has three children: Natalia (9 years old), Karen Daniela (7 years old) and Julián David (18 months), the son that she has with her current husband, a military man named Adolfo.
Ana and Duber were married in Colombia on September 11, 2008, and three days later they moved to Seville to work and support the family. “I have always liked to work, for myself, for my daughter, for my grandchildren, for the things that are important to me. When I decided to come to Seville, it was very difficult. But I always had a lot of dreams and goals to achieve, and now I’m achieving them little by little.” For example, she has helped her sister and her brother-in-law to open an auto parts store with the money she earned and sent home.
Ana is now far away from her daughter but speaks with her on the phone every day. She loves Costanza more than anything else on earth because she embodies one of the most scarring and horrifying experiences of her life.
This 37-year-old grandmother has been married twice; she’s dealt with deaths of loved ones, traumatizing illnesses and unimaginable hardships. She’s had to make the most difficult decisions, and many of them before she even celebrated her 15th birthday, or quinceañera.
She is Wonder Woman incarnate. She doesn’t have superpowers and she doesn’t wear hot pants or a headband. She wears bellbottom jeans and black V-neck shirts, and she pushes a stroller around and holds the hand of a 3-year-old boy who absolutely adores her. She mops the floors of a beautiful palace where privileged American students spend their days studying. She doesn’t look like a superhero. But she is one. Her strength is awe-inspiring and unfathomable. She is a warrior.
We reach a main road and I turn to Ana to tell her I’m going home. I thank her for her time and her willingness to share her story with me and I get a goodbye kiss from Eliot and Tula. I watch her walk away, one hand pushing Tula’s stroller, the other holding onto a dancing and singing Eliot. I smile because I know she’s happy, even though it’s impossible for me to imagine how. I smile because I feel honored that I am the one who has the privilege of sharing her story with others.
But most of all, I smile because she’s with her family, and she’s so purely and genuinely happy, and I believe that’s exactly what she deserves.

La tienda "Esmeralda"
Esmeralda es la dueña de una tienda muy chula en la calle Alcaicería muy cerca de calle Alfalfa en Sevilla. En su tienda, ella vende ropa, joyas, zapatos y complementos con mucho estilo para las mujeres. Hay mucha influencia marroquí en su tienda, especialmente en las lámparas que ella vende.
Su tienda se llama Esmeralda, como su nombre, y ha sido abierto desde 2010. Esmeralda dice que normalmente hay muchas estudiantes extranjeros en su tienda, y ella puede reconocer los tiempos diferentes que los estudiantes entrada y salida de Sevilla. Su amiga trabaja en un colegio en Sevilla ensenando español y Esmeralda tiene muchas preguntas sobre las experiencias de los extranjeros.
La mayoría de sus cosas en su tienda son de diferentes partes de España, incluyendo Barcelona y Sevilla, algunas cosas son hechas por su hermana.
Algo muy evidente en la tienda son las lámparas colgantes del cielo. Ella dice que los diseños son hechos en Sevilla pero construido en India. Ella cuenta una historia sobre alguien de San Diego que paga 250e para mandar una lámpara que sola cuesta 50e. Recomienda que traerlos en su equipaje de mano en el avión si quiere transportarlo.
El ambiente de la tienda es de bienvenida y ella es muy acogedora también. Esmeralda estaba cantando con la música en la tienda mientras caminando sobre toda la tienda ayudando una mujer que quiere comprar pendientes de un color específico.
Vimos un documental en mi clase de CMNJ se llama Helvetica. El documental es sobre la fuente, Helvetica, y es muy interesante porque hay muchas profesionales en el mundo de diseño que tienen diferentes puntos de vista sobre la fuente. Para tarea, nosotros tenemos que sacar fotos de diferentes usos de fuentes en Sevilla.
Aquí están mis cinco mejores fotos:
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1. Si No Nosotros, Quien? Una película aleman sobre una chica muy inteligente y un chico muy inteligente también. Los dos tratan crear una empresa de publicación juntos pero ella tiene más interés en luchando contra el gobierno en Alemania a través de protestas y violencia. Ellos no están casados pero tienen un hijo. No son fieles el una al otro y sus vidas son un poco complicados y tristes porque los dos tienen problemas con la autodestrucción.

2. Tres Veces 20 Años Una película inglesa sobre un par de 60 años más o menos. El hombre es un arquitecto y la mujer trabaja en una escuela. Ella está obsesionada con envejecer y él está tratando de ignorarlo. Están separados por un corto tiempo, pero el final es feliz. La tema es muy serio, pero la película tiene un tono juguetón.

3. Love During Wartime Un documental sobre una chica de Israel y un chico de Palestinia. Los dos están enamorados pero ella no puede vivir en el país de él y él no puede vivir en el país de ella. El documental sigue sus luchas y sus problemas de su matrimonio. Es un poco frustrante pero el final es más feliz que el resto del documental.

4. Siempre Feliz Una película Noruego sobre una mujer y su esposo. Su relación es muy complicada. Ella no es muy feliz en su matrimonio, y él tampoco. Ellos tienen un hijo. Ellos tienen dos casas, y otro pareja viene a vivir allí. Hay complicaciones entre los dos parejas y sus hijos, también. Hay muchas temas muy serias en la película, pero es una película divertida y que contiene mucho humor negro.

5. Holidays by the Sea Una película francesa sobre algunas familias y parejas que van a la playa para sus vacaciones. Es una película extraña porque no hay mucho diálogo. Casi nadie habla. Era muy extraño y no me gusta mucho.

De todos las película que yo vi, mi favorita es Siempre Feliz porque me gusta mucho la música en la película, el uso de humor negro y la forma en que la director presenta temas serias de una manera divertida.

En mi clase de Escrituras Españoles en CIEE, estamos leyendo el libro por Carmen Laforet que se llama Nada.
En la superficie, parece que la novela es simplemente sobre una chica que está viviendo con su familia en Barcelona para estudiar en una universidad. Pero, hay muchas símbolos en el libro. Una de los personajes de la novela es la tía de Andrea, la protagonista de Nada. Su tía, Angustias, representa a Franco, el dictador de esta época. Hay otras personajes y cosas en la novela que representa otras figuras de esta época, y también, unos sentimientos de esta época.
Es obvio que Carmen Laforet era una chica muy lista. Es obvio también que los censores de Franco no eran muy listos. Todos los libros ha escrito durante el tiempo del régimen de Franco tenían que ser leídos por censores. Porque Franco controlaba todos formas de media en su tiempo. Pero, los censores de Franco decidieron que el libro Nada por Carmen Laforet no significaba nada, y por eso, el libro fue publicado.
Me gustaría dar las gracias a los censores de Franco por ser estúpidos y ignorantes. Porque me gusta mucho la novela de Carment Laforet. Y me sorpende que ella escribió a una edad tan joven.
La novel de Carmen Laforet ganó la Nadal Premio en 1944. Gracias, los censores de Franco, por permitir que esto suceda.
Superman. Batman. Wonder Woman. Spiderman.
These are the images that pop into our minds when we hear the word superhero. But superheroes don’t always wear capes. They don’t fly around our cities in spandex, saving the world one bad guy at a time.
Most of the time, they go about living their lives, not trying to impress anyone else. But their lives are quietly extraordinary. Superheroes are moms, dads, teachers, restaurant owners. Superheroes spend their mornings studying, their afternoons cooking and cleaning and their evenings working. Superheroes spend every hour, day after day, living their lives for God. Superheroes wear smiles on their faces, in spite of the deadly disease they’re living with.
We pass these people on the street every day. In this magazine, we’ve tried to shine the spotlight on the superheroes in our city, the people who do incredible things and don’t get the recognition they deserve. They are extraordinary people living ordinary lives. But we think they’re pretty super.
“Siempre estoy vestido de verde. La cruz que llevo en el cuello es de color verde. Mis zapatos son verdes. Mi sombrero, mi chaqueta y mis pantalones cortos todos son verdes. Y siempre escribo con un lápiz verde. Pero, mi color favorito no es verde. Mi color favorito es la esperanza.
En España, el color verde significa esperanza. Y la esperanza es mi vida.
Tengo 54 años. Vivo en Sevilla. Tengo hijos. Cuando era niño, my familia no fue tradicional. Mi mama tenía una enfermedad. Mi abuelo era alcohólico y borracho. Pero, mi madre me enseño que todo el mundo es bueno. Es la verdad.
Una vez leí un frase que resonó en mi. Servir al crecimiento de los demás. Así es como yo vivo mi vida. Mi alma es los niños. Es donde pongo todo mi energía.
Tengo un proyecto. Es un proyecto de dios, y el proyecto de mi vida. Trabajo con los niños pobres en barrios de las afueras de Sevilla. Soy católico prácticamente, y mi objetivo es enseñar a los niños a tener esperanza. Pero no hablo acerca de la religión. No habla nada de religión explícitamente. Enseño a través de fútbol. Cuando tenía 22 o 24 años, el mundo de fútbol era muy importante para mi. Soy del mundo de fútbol. Púes me puse a jugar con los niños al fútbol. Mi vida es mi trabajo y los dos son sencillos.
No tengo dinero, pero uso mi inteligencia. Soy autodidacta. Me fui a estudiar en un semanario con mi amigo cuando tenía 21 años. Fue entonces cuando yo me di cuenta de que la Biblia es literalmente la palabra de Dios. Y también, fue entonces cuando encontré mi pasión. Mi pasión y mi vocación son las mismas: la educación de los niños.
Pienso que la gente muy sencillo es ls más profunda. La gente normal es mucho más complicada. Ha habido niños, en mis campos de fútbol, que me han afectado mucho. Yo me he encontrado a muchos niños que me han impactado. Una vez un niño vino y me dijo que su padre se había muerto. ¿Qué le dices? Tenía muchos niños. Otro niño: había perdido a su papa y su mama.
Yo evito tocar a los niños para evitar cualquier tip de confusiones. Ha habido muchos casos famosos en que un hombre ha tocado a un niño. Y no quiero problemas. Pero, ese niño era una excepción. La excepción fue el niño que había perdido a su mama y su papa. Cada niño necesita amor y afecto. Pero, yo prefiero demostrar amor y afecto de otras maneras.
Cuando yo empecé mi proyecto de dios, tuvo que buscar materiales. Porque hay otra parte de mi trabajo que no es solamente enseñar fútbol. Tengo que buscar ropa, comida y otras cosas para los niños. Es que, mi trabajo es una forma de servicio para los niños. Es una parte esencial de mi trabajo y mi vida. No hay separación entre mi vida y mi trabajo. Las dos cosas son lo mismo. Mi vida es mi trabajo y mi trabajo es mi vida. Y pinto los dos con el color de la esperanza.